Un proyecto acotado, resuelto con decisiones concretas y límites claros de fabricación.
El encargo llegó con una condición que ordenó todo lo demás: la estructura tenía que rotar entre dos posiciones de trabajo dentro del mismo ambiente, sin desmontarse y sin perder estabilidad cuando quedara fija. Eso descartó cualquier solución con patas niveladoras simples y empujó el diseño hacia un bastidor con rodadura de grado comercial y freno en las cuatro ruedas.
La mesa base se armó en acero inoxidable AISI 304 calibre 16. Las uniones se soldaron y se pulieron hasta dejar la superficie continua, sin poros donde se retenga residuo. Los bordes se redondearon y el frente se plegó para ganar rigidez sin agregar peso muerto. El resultado es una cubierta que se limpia con un paño húmedo de extremo a extremo, sin esquinas que obliguen a trabajar con cepillo.
El carrito auxiliar se resolvió en dos bandas del mismo calibre, con manija tubular soldada al bastidor en un ángulo que permite empujar o jalar según el lado por el que se acceda. Las bandejas llevan borde plegado para contener derrames menores y reforzar el conjunto. La tornillería es de acero, sin piezas plásticas expuestas que compliquen la desinfección.
El mobiliario se entregó armado y listo para uso. La mesa se mantiene estable en ambas posiciones gracias a los apoyos regulables y a la rodadura frenada. El carrito rueda sin saltos en piso de concreto pulido y se detiene en seco cuando se activan los frenos. Las bandejas de la estantería se ajustaron a tres alturas distintas durante la instalación, según el criterio del área que las iba a usar.
No hubo componentes plásticos a la vista ni cavidades abiertas. Toda la superficie útil es acero inoxidable accesible con paño. La estructura quedó aplomada incluso donde el piso tenía una ligera pendiente hacia el desagüe.